She’mperfect

Había abandonado el esfuerzo por alcanzar por sí misma la virtud perfecta. Había descubierto qué agotador puede ser ese esfuerzo, qué inhumano y erróneo resultaba vivir esclavizada por aquel esfuerzo. Ahora que conocía su abrumadora imperfección, ahora que era consciente de su fragilidad y de su contingencia, ya no llevaba sobre los hombros el pesado lastre del martillo y cincel. No es que se hubiese rendido a la imperfección ni que se hubiese acostumbrado a ella, pero ya no soportaba la carga en soledad, ya no arrastraba el yugo con sus fuerzas, ya no se sorprendía al descubrirse a sí misma en un mal paso.
― Natalia Sanmartin Fenollera, El despertar de la señorita Prim