Percepciones de liderazgo

En los albores de mi carrera profesional, en el año 1976, asistí a un congreso de la Unión Internacional de Editores que se celebró en Japón. Entre los asistentes estaba Joan Manley, alta ejecutiva de Time Life, Inc., de 44 años, responsable de ventas de diez sellos editoriales de su grupo a nivel mundial. Me llamó la atención su presencia, atuendo, lenguaje verbal y gestual, considerado más propio de los hombres en aquel entonces. Joan Manley había empezado como secretaria cobrando 54 dólares por semana y poco a poco se fue abriendo paso hasta ser la responsable de 350 millones de dólares en ventas anuales. Su carrera requirió mucho sacrificio y renuncias, entre ellas a la maternidad. Eran tiempos en los que para abrirse paso hasta ciertos niveles en el escalafón profesional era para las mujeres una tarea aún más ardua que lo que significa en la actualidad.

Hace unos años, Anne Cummings, profesora universitaria de administración de empresas de la Universidad de Wharton, en Pennsylvania, pidió a un grupo de sus alumnas, ejecutivas de diferentes sectores, una lista de palabras que definieran a las mujeres líderes. Entre las palabras aportadas aparecieron multitarea, emocionales, empáticas, fuertes, compasivas, intuitivas, creadoras de relaciones, verbales, creadoras de consensos, colaborativas y cotillas.

Preguntadas sobre las palabras que asociaban al hombre líder, aparecieron fuerte, arrogante, inteligente, guiado por el ego, bravucón, físico, poderoso, dominante, asertivo, monotarea, centrado, competitivo, tozudo, creído y directo. Consideraban que los hombres eran capaces de tener una fuerte discusión en el trabajo y después tomarse una cerveza juntos como si nada hubiera pasado. Las mujeres somos rencorosas, los hombres pasivo-agresivos. Se creen que por ser hombres se lo merecen todo y dan por hecho de que triunfarán, pase lo que pase.

Cummings dijo que, en promociones posteriores, esas percepciones sobre el liderazgo han dejado de estar tan orientadas al género y que los elementos tradicionalmente señalados como masculinos o femeninos se encuentran en todos los líderes.

Tal vez, por razones históricas, se ha confundido el ejercicio del liderazgo con el poder, pues quien tenía ese poder estaba mejor posicionado para expresar su liderazgo. Creo que, afortunadamente, y a pesar del largo camino que queda por recorrer, las cosas están empezando a cambiar, aunque existen muchas resistencias al cambio, y una de ellas la constituye la creencia de que las cosas que se han hecho de una determinada manera no deben tocarse. Pero ya lo advirtió Einstein: “Es más fácil romper un átomo que un prejuicio”.

JAVIER SALVAT

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