Me llamo Lucía

Me llamo Lucía. Lucía Luquin. He sido educada inconscientemente desde la feminidad. Una feminidad que exige someterse a las apariencias de un lenguaje que acciona en base a lo cultural, lo universal, lo corriente y lo propio de ser mujer.

Inevitablemente, me viene al pensamiento aquellas frases que me repetía mi abuela una y otra vez; Ponte recta. Mete tripa. Saca pecho. Sonríe. Sé una señorita. Tras su verborrea, me limitaba a silenciar(me) sumisa, a accionar en base a lo que se esperaba de mí a través de la mímesis de sus movimientos frente al espejo. Un espejo social al que había que someter(se) a través de cualidades femeninas. Sin embargo, mi sometimiento a ese modus vivendi acabó pronto tras ofrecer(me) la oportunidad de cuestionar(me) aquellas cualidades indispensables para ser una señorita, para ser una mujer, para ser femenina.

¿Ser mujer es ponerse recta, meter tripa, sacar pecho y sonreír? ¿Por qué y para qué? ¿La feminidad conlleva rendir(se) a facultades? Entonces; ¿Qué pasa si no me identifico con ninguna de ellas? ¿Qué ocurre si decido no someter(me)? ¿Dónde se sitúa mi autonomía? ¿Mi autonomía comienza al renegar de lo femenino?

El cambio de paradigma exige romper, aceptar, superar, reemplazar y reconstruir(se). Ser consciente de querer reconstruir(se) exige reconocer el (re)establecer(se) desde el liderazgo. Ser tu propio líder implica volver(se) adicta a una serie de paradigmas culturales que confunden hasta despersonalizar(te), ya que la posición de mando, autoridad y dominio se encuentran bajo el dominio masculino.

Entonces; ¿Quiénes somos? ¿Qué somos? ¿Cómo queremos ser? ¿Cómo educan, educamos y educaremos a nuestros cuerpos? ¿Representamos o presentamos nuestro cuerpo? ¿Mi cuerpo es el cuerpo de la multitud? ¿Mi cuerpo se encuentra grabado en acontecimientos? ¿Qué reclama mi cuerpo? ¿Ruptura? ¿Expulsión? ¿Mutilación? ¿Vacío? ¿Purgación?

Masculinidad. Poder. Liderazgo. Etiquetas. Marcas. Encasilladas. Odio las etiquetas. Me repugna la facilidad que tienen los seres humanos de que se les encasille, se les encuadre, se les limite. Desprecio tener que cumplir expectativas en relación con doctrinas culturales que constantemente buscan la aprobación del colectivo ¿Dónde está nuestra verdadera voz, nuestro yo, nuestra esencia? La necesidad de separar(me), individualizar (me), reencontrar(me) fuera del colectivo exige crear nuevos paradigmas acordes a mis satisfacciones. Quizá, sólo quizás, mis satisfacciones puedan cumplirse a través de la creación.

Una creación que apuesta por la (re)elaboración del lenguaje dentro un mundo posible. Un mundo posible que destruye las etiquetas para ofrecer nuevas posibilidades, nuevas contemplaciones del yo colectivo. Un yo hombre. Un yo mujer. Un yo mezclado. Un yo monstruoso. Un yo ¿múltiple? Un yo ¿individual? Un yo ¿sin identidad? Un yo ¿inalcanzable? En definitiva, un yo increíble que confronta sus polaridades aparentes y esenciales. O sea, construir(me) en base a una serie de actos discontinuos creando una nueva identidad acorde con mi yo interno (masculino) y mi yo externo (femenino), ofreciendo(me) así, la oportunidad de confrontar el poder de los diferentes lenguajes en lo que respecta a los diferentes géneros desmontando sus dictámenes.

La fascinación que encuentro a la hora de crear esos mundos posibles hace que ame (todavía más) las cualidades secretas de mi yo artístico, de mi yo sensible, de mi yo impulsivo y de mi yo desconocid(a) gracias a su gran multiplicidad. Es en la creación donde encuentro el sentido a la hora de luchar por conseguir una voz autónoma, individual, única, diferente a la que me han asignado (culturalmente hablando).

La creación, a efectos prácticos, reniega de aduanas. La creación me ofrece la capacidad de (auto)liderarme en base a lo que espero de mí, no del resto. Por tanto, ¿estoy siendo egoísta a la hora de crear mi propio yo? (Diría que no). Desconozco el poder de mi liderazgo, lo estoy buscando. El liderazgo es un secreto poder en mi cuerpo que (algún día) se manifestará sano y abierto. Un liderazgo en plenitud, sin interrupción de géneros que libere el constante masoquismo ejercido contra mi cuerpo en base a qué es verdadero, qué es falso, qué es real, qué es aparente, qué es original y qué es derivado. Hallar un liderazgo portador creíble de significación en base a la honestidad de satisfacción.

Lucía Luquin. Farandulera. Futura directora de escena y dramaturgia

Speaker en las IV Jornadas El Líder Imperfecto

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